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La fe en acción< ?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /> Fondo Bíblico: Mateo 8:5-13; Lucas 7: 1-10 Verdad Central: El ejercicio de la fe en el poder de Cristo trae liberación completa. Texto Aureo: Ve, y como creíste, te será hecho OBJETIVOS DEL APRENDIZAJE: 1. Entender más sobre la naturaleza de la fe que agrada a Dios y que sirve como canal para la recepción de las bendiciones del Señor. 2. Admirar la fe del centurión, tal como lo hizo Jesús. Imitar a este buen hombre que estaba dispuesto a confiar definitivamente en la palabra del Maestro. 3. Poner en práctica esta clase de fe en nuestro diario vivir y recibir así todas las bendiciones que hay en la palabra de Dios. 4. Reconocer que Jesucristo ejerce toda autoridad, no sólo sobre la naturaleza, sino muy especialmente sobre nuestras vidas. 5. Aprender a ser más semejantes a Jesús en su manera de evaluar la fe de otros; y también a imitarlo en esa actitud de elogiar a los que lo merecen. BOSQUEJO GENERAL I. La expresión de la fe eficaz A. Una petición humilde B. La voluntad de Jesús C. Una fe inteligente II. La alabanza de la fe del centurión A. Una fe admirable B. La llave del reino III.Los resultados de la fe del centurión A. La obediencia supuesta B. La sanidad inmediata Introduccion Mateo, el escritor del primer evangelio presenta su material en forma ordenada. El presenta secciones de enseñanzas, luego, secciones de parábolas. Los capítulos 5, 6 y 7 presentan el sermón de la montaña. Allí Jesús impartió enseñanzas que no sólo tenían que ver con sus oyentes inmediatos sino que también tienen gran valor y significados para nosotros en el día de hoy. El estudio de esta semana cubre la ocasión de la sanidad del siervo del centurión de Capernaum, uno de los ocho milagros registrados en el capitulo 8 de Mateo. Aquí nos damos cuenta de la bondad y el amor de Jesús al tocar a un inmundo leproso y limpiarlo totalmente de su mal. El mismo amor divino hace que se realice la sanidad del esclavo de este centurión. La sanidad de la suegra de Pedro fue seguida por una serie de sanidades obradas por el Señor en una multitud que sufría de diversas enfermedades. El hecho de que un escriba quisiera seguir a Jesús también es un milagro muy especial. El milagro realizado al calmar la tempestad y la sanidad del endemoniado son los dos últimos milagros con los que se cierra triunfantemente el capítulo ocho de Mateo. Exposición bíblica I. La expresión de la fe eficaz Mateo 8:5-9 A. Una petición humilde Era una larga trayectoria, varios kilómetros de camino, desde el lugar donde Jesús dio el sermón del monte hasta la ciudad de Capernaum, pero las noticias de su regreso llegaron mucho antes que él. Tan pronto como entró a la ciudad, un centurión romano vino a él en busca de ayuda. Un esclavo suyo se encontraba gravemente afectado por una parálisis que probablemente le inmobilizaba una parte de su cuerpo, mientras que otras partes estaban siendo atacadas por un terrible dolor. Aparentemente, aquel siervo estaba a punto de morir. Según el texto griego, el centurión se refirió al enfermo como “mi muchacho” (ho pan mou), no con el fin de empequeñecerlo, sino con la intención de expresar así el gran afecto que sentía hacia este esclavo suyo. (Vea Lucas 7:2). El original también indica que la enfermedad del siervo era crónica y que indudablemente había empeorado con el paso del tiempo. Lo cierto es que ahora su condición era realmente crítica. La actitud de este centurión hacia su esclavo nos demuestra que el primero era un hombre excepcional. En el Antiguo Testamento sí se encuentran enseñanzas que abogan por un buen trato hacia los esclavos de parte de sus amos; pero entre los paganos, un esclavo quedaba completamente despojado de todos sus derechos. En realidad, de acuerdo con las leyes romanas no importaba lo que los amos hicieran con sus siervos. Un amo podía hasta matar a su esclavo, si así lo deseaba. Si el esclavo estaba muy enfermo o ya era demasiado viejo y ya no podía trabajar, el amo podía echarlo fuera y dejar que muriera de hambre. Los romanos trataban a sus esclavos en la misma forma en que trataban a sus muebles y objetos materiales; la esclavitud era una total despersonalización. En cambio, este centurión demostraba un gran amor y una profunda compasión por su esclavo. También es digno de notarse que aunque es verdad que los romanos habían conquistado y estaban dominando a los judíos, Jesús no los aborrecía ni menospreciaba a sus esclavos. Su amor se derramaba y beneficiaba de una manera muy especial a los menospreciados, los sufridos, los pobres y todos aquellos que padecían las injusticias y las ingratitudes de los demás. Es interesante observar que < ?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /> B. La voluntad de Jesús Las tradiciones de los escribas y los fariseos (tal como se ve en el Talmud judío) consideraba la casa de un gentil como inmunda, Si algún judío entraba a una casa de gentiles era considerado como contaminado. Pero eso no detuvo a Jesús. El ama el ver a los seres humanos sanos y satisfechos. No podemos leer el Nuevo Testamento sin reconocer que Jesús sentía una compasión inmensa por los necesitados: Todo lo que Jesús esperaba hallar en los que le oían era fe (Hebreos 11:6). Enseñanza práctica: La única manera de agradar a Jesús es demostrando fe. “Porque sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6). Esta no tiene necesariamente que ser una fe demasiado grande. El dijo que una fe tan pequeña como un grano de mostaza es suficiente como para realizar grandes cosas. La fe se echa de ver en la manera de actuar de una persona. La ansiedad y el temor son dos grandes indicadores de falta de fe. Jesús tuvo que reprocharles a sus discípulos su falta de fe en las distintas oportunidades en que ellos manifestaban los síntomas mencionados arriba (Mateo 6:30; 8:26; 14:31; 16:8). Cuántas veces a la semana - o quizá al día -, nosotros también nos mostramos preocupados y atemorizados por problemas financieros, por la salud, por situaciones de trabajo, por realizar las actividades en el tiempo en que debemos realizarlas, etc. Todo esto es una demostración de que somos “hombres de poca fe”, y eso no es agradable para Jesús. De acuerdo con las enseñanzas que él diera en su palabra, ni siquiera debemos preocuparnos por lo que comeremos o lo que vestiremos (Mateo 6:30). Puesto que la fe viene por el oir la palabra de Dios (Romanos 10:17) es esencial que todo cristiano dedique una buena porción de cada día leyendo C. Una fe inteligente Viéndolo bien, este centurión era un creyente en el único y verdadero Dios, y además de eso comprendía muy bien los sentimientos de los judíos entre quienes vivía. Por eso fue que no vino directa y personalmente a Jesús con su petición, sino que lo hizo a través de los ancianos de los judíos (Lucas 7:3). Mateo, en su descripción de este evento concentra su atención en la respuesta del centurión, la que realmente fue dada después de que éste se dio cuenta de que ya Jesús se disponía a hacer una visita personal a su hogar para sanar al siervo. Pregunta: ¿Por qué razón aquel hombre le envió a decir al Señor que no era digno de su visita? Lo más probable es que al expresarse así, este centurión no se estaba refiriendo a su despreciable posición como militar romano ni a su triste estado como perdido pecador, porque de ser así, los ancianos de los judios no hubieran hablado tan bien de él, haciéndole ver aJesús que aquel hombre amaba a los judíos y les había construido una sinagoga, lo que indicaba que él era una persona bondadosa y se distinguía por su generosidad. (Vea Lucas 7:5.) Las mejores personas muchas veces manifiestan el mayor grado de humildad y tienen una conciencia muy sensible; en cambio los que son menos dignos son los que más reclaman para sí y se glorían de ser perfectos. Tampoco parece correcto suponer que la humildad del centurión provenía del hecho de que era gentil. Por el contrario, puesto que era un oficial romano, ciudadano de la nación que dominaba a los judíos bien podía mostrar arrogancia y desprecio a estos últimos; sin embargo, les mostró amistad y actuó bondadosamente hacia ellos. Por su parte, los judíos también estaban dispuestos a interceder por él ante Jesús. La actitud humilde de este centurión bien pudo haber surgido del concepto que él tenía de la gloria y la grandeza del único Dios verdadero. Por otra parte, es probable que ya tuviera una idea de la santidad y del poder del Salvador, Jesucristo, ante quien intercedía en favor de su siervo. Si el hubiera hecho alarde de su rango y de su importancia sobre el pueblo judío y como tal hubiera pretendido hacerle demandas a Jesús para que sanara a su enfermo, no hubiera tenido la oportunidad de ver la grandeza de Cristo, como tampoco hubiera podido ver la obra restauradora del Señor. Es nuestro orgullo, no nuestra indignidad lo que muchas veces limita nuestra recepción de la gracia y el poder glorioso de Dios. Enseñanza práctica: Pregunta: ¿ Qué cualidades acompañan a la fe genuina que agrada a Jesucristo? El centurión demostró una gran humildad en su acercamiento al Señor. Su ejemplo nos presenta un aspecto de vital importancia de la fe verdadera - un reconocimiento genuino de la grandeza y la santidad de Dios en comparación con la insignificancia y los defectos de uno. La fe reconoce las debilidades e incapacidades humanas y deposita una confianza absoluta y firme en la grandeza del poder y la misericordia de Dios. En Gálatas 5:22, 23 encontramos varios atributos que también van adheridos a la fe genuina - amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre, templanza. ¿Está usted seguro de que estos frutos se están manifestando en su vida? Pregunta: ¿ Cuáles eran las otras razones por las que el centurión estaba dispuesto a confesarle a Jesús que no era digno de que entrara en su casa? El tenía un concepto bien claro acerca de lo que es la autoridad. El estaba consciente de que la palabra del emperador romano tenía un valor supremo en todo el ejército de Roma y que su autoridad se dejaba sentir a través de toda la estructura de aquella institución armada. Es decir, todos los oficiales daban órdenes, las que estaban basadas y descansaban en la autoridad del emperador, a quien ellos representaban, y todos los que estaban bajo esa jurisdicción tenían que obedecer. Hasta los oficiales subalternos, como este centurión (que solamente tenía autoridad sobre un grupo como de cien hombres) todo lo que tenían que hacer era dar una orden, e inmediatamente esta era obedecida al pie de la letra. El centurión también manifestó un alto grado de inteligencia al reconocer que Jesús, como el Mesías, estaba actuando bajo la autoridad del Padre que lo envió. Cuando el emperador romano daba una orden, ésta era obedecida hasta en los últimos rincones de su imperio. Cuánto más podría ocurrir si Jesús daba una orden diciendo: “¡Sé sano!” El siervo sería sanado inmediatamente, sin i |


